4.18.2014
Desperté. Un día normal. Sin la más mínima vacilación en la rutina que suele ser letal. Abrí los ojos. Eran las once... o eso creo. Miré por la ventana. Podía ver a los pájaros en el cerezo del patio. Decidí ir a tomar desayuno. Me hice una taza de té. Comí unas galletas. Subí a mi habitación. Volví a acostarme y a pensar en el libro que terminé de leer. Final inesperado y rápido. Impredecible. Feliz. Abierto. Imaginaba las cosas que podía hacer en el día, pero que sinceramente no tenía ánimos de hacer. Luego recordé. Hoy puede ser un buen día. Quizás comience a vivir una de esas aventuras o un loco amor. Como esos de los libros que tanto me gustan. Quizás mi nuevo desafío estaba afuera. Quizás el amor de mi vida estaba cruzando la calle o en la micro que suelo a tomar a la misma hora cada día. Quizás sólo quizás, ese día comenzaba la verdadera vida.
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